Las mujeres piden el divorcio con más frecuencia que los hombres en matrimonios heterosexuales: la cifra documentada es del 69%, no del 70% redondeado, y procede de un estudio de la Universidad de Stanford de 2015. El 90% atribuido a parejas universitarias, en cambio, no aparece en ese paper. Y cuando esa estadística estadounidense se traslada a España, los datos del INE 2024 dibujan otra película.
Un tuit con cientos de miles de visualizaciones lo resumía así: las mujeres inician el 70% de los divorcios, y la cifra sube al 90% entre parejas universitarias. La estadística es contundente, viaja sola y suena a verdad incómoda. El problema es que una de esas dos cifras está mal atribuida, y la otra significa algo distinto en territorio español. Vale la pena pararse a mirar qué dice realmente la investigación, qué dicen los datos del INE y, sobre todo, por qué muchas mujeres acaban siendo las que se levantan primero de la mesa.
¿Es verdad que las mujeres piden el 70% de los divorcios?
El 70% existe. Es una cifra real, viene del sociólogo Michael Rosenfeld, de la Universidad de Stanford, y se presentó en el congreso anual de la American Sociological Association en agosto de 2015. Su análisis, sobre la encuesta longitudinal How Couples Meet and Stay Together, encontró que las mujeres iniciaron el 69% de los divorcios frente al 31% de los hombres. El estudio se basó en 92 divorcios heterosexuales registrados entre 2009 y 2015, con un intervalo de confianza del 95% que oscilaba entre el 61% y el 78%. American Sociological Association
El 90%, en cambio, es más resbaladizo. Aparece citado en decenas de artículos de bufetes de abogados estadounidenses, siempre atribuido al mismo estudio de la ASA. Pero si abres el paper original de Rosenfeld, ese dato no está. El estudio examina diferencias por edad, por nivel de calidad percibida de la relación y por ingresos, pero la cifra concreta del «90% entre universitarias» no aparece en sus tablas. Es un número que se ha propagado por repetición, no por publicación. Tomarlo como hallazgo sólido es justo lo contrario de lo que pide hacer la fuente.
Lo que el estudio sí encontró sobre las mujeres que piden el divorcio
Lo verdaderamente interesante del trabajo de Rosenfeld no es el porcentaje. Es la comparación. Cuando miró las rupturas de parejas no casadas — cohabitando o no — el sesgo de género desapareció. No hubo diferencia estadística entre el porcentaje de rupturas iniciadas por hombres y por mujeres en relaciones no matrimoniales. Solo dentro del matrimonio las mujeres dominan en la decisión. American Sociological Association
Esa asimetría es la que pide explicación. Si el problema fueran las mujeres siendo «más sensibles» a los problemas de pareja, romperían más también en relaciones no maritales. No lo hacen. Algo del matrimonio en sí — no de las mujeres — produce el desequilibrio.
Rosenfeld lo enmarca en lo que la sociología llama la revolución de género estancada: las mujeres han cambiado mucho en lo profesional y en lo económico, pero el matrimonio como institución cambió mucho menos. Sigue arrastrando expectativas que pesan más sobre la esposa que sobre el marido. Esa tensión entre dos velocidades acaba teniendo nombre y apellidos en una demanda.

En España la foto es muy distinta
Aquí es donde el tuit se rompe del todo cuando se trae a casa. Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística, publicados en julio de 2025 sobre el ejercicio 2024, dibujan otro mapa.
| Quién presenta la demanda de divorcio en España | Porcentaje 2024 |
|---|---|
| Ambos cónyuges (mutuo acuerdo) | 71,1% |
| Solo la mujer | 18,5% |
| Solo el marido | 10,3% |
En el 71,1% de los divorcios entre cónyuges de distinto sexo, la demanda fue presentada por ambos cónyuges. La presentó solo la mujer en el 18,5% de los casos y solo el marido en el 10,3%. La gran mayoría de divorcios españoles son de mutuo acuerdo, una realidad muy distinta a la del paisaje judicial estadounidense. Elena Crespo Lorenzo
¿Significa eso que en España las mujeres no son las que más quieren el divorcio? No exactamente. Quién firma la demanda y quién quiere irse son dos cosas distintas. La investigación internacional — y aquí es importante separar el estudio Rosenfeld del mito viral — sugiere que incluso en divorcios de mutuo acuerdo, suele haber un cónyuge que empuja primero. Pero hablar del «70% de divorcios iniciados por mujeres» como si fuera la realidad española es directamente engañoso: el dato judicial dice otra cosa sobre las mujeres que piden el divorcio en nuestro país.
En 2024 se registraron en España 82.991 divorcios, un 8,2% más que el año anterior, con una duración media del matrimonio de 16,4 años. La edad media de las mujeres al divorciarse fue de 46,6 años, la de los hombres 49. Esos datos del INE apuntan a una tendencia que crece en silencio: el llamado divorcio gris, rupturas tras los 50 cuando los hijos se han ido y la pareja descubre que llevaba años conviviendo más que vinculándose. INE

Por qué muchas mujeres acaban siendo las que se van
Hay tres razones documentadas por las que las mujeres piden el divorcio más que los hombres en matrimonios heterosexuales. Aparecen una y otra vez en la literatura, en estudios estadounidenses, europeos y australianos.
El primero es el reparto desigual de carga doméstica y mental. Aunque ambos trabajen fuera de casa, las mujeres siguen llevando dos tercios del trabajo invisible: lo que hay que comprar, lo que hay que recordar, las citas pediátricas, el cumpleaños del suegro. Esa carga mental no figura en ningún convenio pero erosiona algo central: la disponibilidad para desear.
Cuando la cabeza está llena de listas de tareas, el deseo tiene poco sitio para instalarse. Es un patrón que afecta directamente al deseo digital y al deseo en parejas convivientes, y que rara vez se reconoce como causa hasta que ya es demasiado tarde. Icaropsicologia
El segundo es la insatisfacción acumulada con la relación. La investigación reciente muestra una brecha de género de 13 puntos en satisfacción marital: el 65% de los hombres dicen estar muy satisfechos frente al 52% de las mujeres. Esa diferencia no se traduce en ruptura inmediata, pero sí en años de erosión silenciosa que terminan, eventualmente, en una decisión. Marriage Helper
El tercero es la independencia económica. No es que el dinero produzca divorcios; es que la falta de dinero los retiene. Cuando las mujeres dependen del salario del marido, las opciones se cierran. Cuando no dependen, se abren. Es la misma puerta que llevaba ahí siempre, solo que ahora se puede empujar.

La pieza incómoda: el sexo y el deseo
Hay un cuarto factor que casi nunca aparece en los reportajes y que importa más de lo que se admite. La vida sexual en pareja no se mantiene sola. Y cuando una mujer pasa años sintiéndose desconectada de su propio deseo — porque la rutina, la carga mental y la falta de erotismo en el día a día la han apagado — el matrimonio empieza a sentirse como una habitación sin ventanas.
Los estudios longitudinales son claros. Durante los primeros cuatro o cinco años de matrimonio el deseo sexual de la esposa disminuye constantemente, mientras que el del marido no cambia. Y aquí viene el matiz importante: la pérdida de deseo precede a la pérdida de satisfacción, no al revés. No es que ella esté insatisfecha y por eso pierda el deseo. Pierde el deseo primero, y la insatisfacción llega después. Psychology Today en español
Eso cambia por completo cómo hay que leer una crisis matrimonial. Prevenir esa deriva no se hace hablando de la insatisfacción en abstracto, sino interviniendo antes en lo concreto: tiempo para reavivar la llama en la pareja, juego erótico, preliminares con tiempo y atención real, conversación adulta sobre fantasías y deseos que no se han contado nunca. La sexualidad de larga duración se cultiva o se pierde; no hay un punto medio.
Hay otra pieza que toca mencionar: lo que algunos investigadores llaman el punto ciego masculino. Muchos hombres genuinamente no ven los problemas hasta que la maleta está hecha, porque sus necesidades básicas — compañía, sexo, gestión doméstica — estaban siendo cubiertas por su pareja. Reconocer esto sin culpabilizar es parte de una sexualidad masculina madura y también, paradójicamente, de salvar matrimonios que aún tienen recorrido.
¿Y después? La parte que casi nadie cuenta
Hay un dato que circula menos que el del 70% pero es igual de relevante. Un estudio de la Kingston University de Londres con 10.000 británicos seguidos durante 20 años encontró que las mujeres reportan un aumento significativo de satisfacción durante hasta cinco años tras el divorcio. Los hombres apenas mejoran ligeramente. Y eso es a pesar de que el coste económico del divorcio recae más sobre ellas. Sflg
La conclusión que a casi nadie le gusta enunciar en voz alta: muchas mujeres que se divorcian no es que estén huyendo hacia algo mejor; es que estaban viviendo en algo peor de lo que ellas mismas reconocían. El matrimonio promedio ha sido históricamente un mejor trato para los hombres que para las mujeres, y eso explica buena parte del desequilibrio en quién decide marcharse.
Qué dice todo esto sobre tu relación
Entender por qué las mujeres piden el divorcio no es una cuestión de bandos ni una sentencia sobre tu pareja. Es una invitación a hacerse las preguntas concretas que casi nadie se hace a tiempo.
¿Cuánto trabajo invisible cargo yo y cuánto mi pareja? ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos una conversación sexual real, no logística? ¿Cuándo hicimos el amor sin que pareciera un trámite? ¿Lo de «ya no me dice nada» se está volviendo crónico o es una mala temporada?
Las parejas que duran no son las que evitan estas preguntas. Son las que se las hacen a tiempo, y las que aceptan que la vida sexual y emocional necesita ser cuidada con la misma seriedad con la que se cuidan las cuentas o los hijos. El divorcio no es nunca un evento; es el final visible de un proceso largo que empezó muchos meses o años antes, casi siempre en la cama, en la cocina y en el silencio.
Preguntas frecuentes
¿Es verdad que el 70% de los divorcios los inician las mujeres?
Sí, esta cifra existe y proviene del estudio del sociólogo Michael Rosenfeld de la Universidad de Stanford, presentado en 2015 ante la American Sociological Association. La cifra exacta fue del 69% sobre una muestra de 92 divorcios heterosexuales en Estados Unidos, con un intervalo de confianza entre el 61% y el 78%. Es un dato sólido, pero referido al contexto estadounidense, no español.
¿Es real el 90% de divorcios iniciados por mujeres universitarias?
No está documentado en el estudio original. La cifra del 90% se ha repetido en numerosos artículos de bufetes de abogados estadounidenses atribuyéndola al estudio Rosenfeld, pero al revisar el paper publicado por Springer en 2018 ese dato no aparece en sus tablas. Es un número propagado por repetición, no un hallazgo científico publicado.
¿En España las mujeres también piden más el divorcio que los hombres?
Los datos del INE para 2024 muestran un panorama distinto. El 71,1% de los divorcios fueron presentados por ambos cónyuges (mutuo acuerdo), solo el 18,5% por la mujer en solitario y el 10,3% por el marido. La realidad española está dominada por el divorcio consensuado, lo que hace inexacto trasladar el porcentaje estadounidense del 70% a nuestro contexto judicial.
¿Por qué las mujeres son más felices después del divorcio?
Un estudio de la Kingston University de Londres con 10.000 personas seguidas 20 años encontró que las mujeres reportan un aumento de satisfacción durante hasta cinco años tras el divorcio, mientras los hombres apenas mejoran. La explicación principal: muchas mujeres salen de matrimonios donde el desgaste emocional acumulado era mayor del que reconocían en su día a día.
¿La falta de sexo provoca el divorcio?
Las investigaciones longitudinales apuntan a que la pérdida de deseo precede a la insatisfacción, no al revés. La esposa promedio pierde deseo en los primeros 4-5 años de matrimonio mientras el del marido se mantiene estable. Esa desconexión sexual erosiona la relación durante años antes de que se verbalice como motivo de ruptura, y por eso aparece tan a menudo de fondo en los divorcios iniciados por mujeres.
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