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Este artículo nace de una necesidad urgente. Empezó como una respuesta —casi una “biblia”, lo admito— a un hilo sobre la abolición en un importante foro de nuestra comunidad (Esaschicas), del cual me siento muy orgullosa de ser usuaria activa. Al releer lo que escribí allí, con el calor del debate y la sinceridad que da hablar entre iguales, me di cuenta de que no podía quedarse solo en un comentario.
El tema es demasiado importante. Tal y como está el panorama, quedarse callada es una forma de aceptar lo que venga. Así que he decidido traer esa reflexión aquí, a mi espacio personal, sin filtros. Esta es mi “roca” en medio del camino para intentar frenar, o al menos cuestionar, ese rodillo abolicionista que amenaza con pasarnos por encima.
“Quedarse callada, tal y como está el panorama, también es una forma de aceptar lo que venga.”
La falsa protección de la clandestinidad
Como mujer independiente que vive de su trabajo en Madrid, tengo que decirlo claro: la abolición no nos protege. Al contrario, nos empuja a las sombras. Existe una desconexión total entre lo que se legisla y lo que vivimos.
Detrás de cada perfil, de cada anuncio, hay una historia, una familia y una necesidad de estabilidad. Cuando se habla de “limpiar las calles” o de penalizar el sector, lo que realmente se logra es quitarnos la seguridad jurídica. Nos quitan las herramientas para trabajar sin miedo.
La independencia: el poder de decir “no”
Muchas hemos dejado agencias, clubs o “casas” precisamente para escapar de horarios abusivos y condiciones impuestas. Ser independiente es, para muchas, la máxima expresión de nuestra libertad: yo marco mis límites, mis tarifas y mis horarios.
Aquí reside el corazón del debate: mis líneas rojas. Como independiente, tengo el control total sobre quién entra en mi espacio y qué servicios consiento. Pero este poder de negociación depende de la visibilidad. Si nos empujan a la clandestinidad absoluta, esa capacidad de decir “no” se debilita.
“La seguridad no viene de la prohibición, sino del derecho a decidir con respaldo legal.”
¿Qué pasa fuera? Mirando más allá de nuestras fronteras
Si miramos hacia afuera, vemos que no hay un único modelo. Hay países donde la prostitución es legal y regulada (Alemania, Holanda, Nueva Zelanda), otros donde está en un limbo parecido al de España, y otros donde se penaliza al cliente, como Suecia o Francia.
La experiencia de compañeras que han trabajado en contextos regulados es clara: en esos países existe acceso real a sanidad, asesoría legal y mecanismos de denuncia eficaces. Los modelos punitivos, en cambio, solo aumentan la dependencia de intermediarios y la vulnerabilidad.
Regular para distinguir: la lucha real contra la trata
La preocupación por la trata y la explotación es legítima y la comparto. Pero, paradójicamente, somos quienes defendemos la regulación quienes tenemos las herramientas reales para combatirla.
Si el Estado reconoce el trabajo sexual, puede inspeccionar, diferenciar decisiones libres de coerción y perseguir a las redes criminales. El modelo punitivo mezcla todo en el mismo saco, y en ese caos, las víctimas reales son más invisibles y las trabajadoras libres, más vulnerables.
Conclusión: regular también es proteger
Esta es mi verdad y mi granito de arena —o mi roca— en este debate. No espero convencer a todo el mundo, pero sí que, la próxima vez que se hable de abolir mi trabajo, se recuerde que al borrar la profesión, también se está borrando la seguridad de las mujeres que la ejercemos.
✍️ Sobre la autora: Sandra
Soy Sandra, trabajadora sexual en Madrid. Escribo desde lo que vivo y desde lo que decido. Uso la palabra para hablar de autonomía, regulación y límites en un trabajo que suele ser explicado desde fuera, pero rara vez desde dentro.
Este texto forma parte de una serie de reflexiones personales sobre derechos, política y realidad material del trabajo sexual, escritas sin consignas ni discursos impuestos.
⚠️ Nota legal y de contexto
Este texto es un artículo de opinión y reflexión personal, escrito por una autora adulta desde su experiencia vital y profesional. No constituye una oferta ni una descripción de servicios.
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