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La tercera temporada de Euphoria, la serie de HBO que lleva años explotando el morbo de lo sexual en pantalla, ha vuelto a poner el trabajo sexual en el centro de la conversación en 2026. Pero con un matiz que importa mucho: lo usa como recurso de audiencia mientras las profesionales reales del sector siguen perdiendo sus cuentas, sus ingresos y su voz en internet.

El problema no es que una serie hable de trabajo sexual. El problema es quién se beneficia de esa conversación y quién paga las consecuencias.

Lo que Euphoria hace con el trabajo sexual

En la nueva temporada, el personaje de Cassie — interpretado por Sydney Sweeney — aparece creando contenido para OnlyFans, incluyendo escenas con disfraces de bebé que HBO tuvo que modificar después de una fuerte polémica. El resultado fue exactamente el que buscaban: millones de visualizaciones, memes virales y titulares en todo el mundo.

Pero detrás del ruido hay un vacío que dice mucho. Según Megan Prescott, actriz británica reconvertida en creadora de OnlyFans y presidenta de National Ugly Mugs — una organización dedicada a la protección de trabajadoras sexuales en el Reino Unido —, la serie no consultó a profesionales reales del sector para construir esas tramas. Lo que el espectador ve no es una representación del trabajo sexual. Es la fantasía que alguien escribió sobre él.

Prescott lo resume de una forma que cuesta olvidar: cuando tenía 16 años rodó una escena de sexo simulado en televisión nacional sin acompañante y sin set cerrado, y nadie dijo nada. Cuando a los 30 abrió una cuenta en OnlyFans — con total control sobre su imagen y sus decisiones —, se armó un escándalo. La diferencia no está en lo que hizo, sino en quién controlaba el relato.

Espectáculo para unos, censura para otras

Mientras HBO genera millones con escenas de trabajo sexual ficticio, las creadoras reales viven una realidad completamente distinta.

Meta eliminó este mismo mes de abril de 2026 la cuenta de Instagram de Bellesa, una tienda de juguetes sexuales. Sexquisite Events, una compañía que da visibilidad a artistas trabajadoras sexuales, perdió su cuenta con 26.000 seguidores justo antes de una gira. Y la organización Repro Uncensored ha documentado la eliminación de más de 70 cuentas de contenido queer, reproductivo y creativo solo en abril de este año.

A nosotros también nos ha pasado. En Sexon nos han eliminado cuentas de Instagram por ofrecer información y recursos a creadoras de contenido erótico. No publicábamos contenido explícito — publicábamos guías, ayuda y herramientas para que las profesionales del sector pudieran trabajar mejor y con más seguridad. Eso fue suficiente para que la cuenta desapareciera.

La paradoja es brutal. Puedes ver trabajo sexual en HBO, puedes ver a Sabrina Carpenter bailando en una barra en un videoclip, puedes comprar lencería de marcas que juegan con la estética erótica. Pero si eres trabajadora sexual y usas Instagram para promocionar tu trabajo real, tu cuenta desaparece. Y si eres una plataforma que intenta ayudarlas, también.

Para las profesionales del sector, esta doble vara es algo con lo que conviven a diario. Las plataformas mainstream les cierran las puertas mientras monetizan su estética. Como hemos analizado en nuestro artículo sobre cómo la censura digital afecta al deseo y a quienes trabajan en el sector, las consecuencias no son solo de visibilidad — afectan a sus ingresos, su seguridad y su capacidad de trabajar en condiciones dignas.

Leyes que dicen proteger pero que exponen

El patrón se repite en otros países. Las leyes de verificación de edad, las políticas de plataformas cada vez más restrictivas y los modelos regulatorios como el llamado «modelo nórdico» — que penaliza a quien compra servicios sexuales en lugar de a quien los ofrece — no están haciendo lo que prometen.

En Irlanda del Norte, tras implementar el modelo nórdico en 2015, la violencia denunciada contra trabajadoras sexuales aumentó un 225% entre 2016 y 2018. No es un dato menor. Es la prueba de que criminalizar la demanda no protege a quien trabaja — la aísla, la precariza y la expone a situaciones más peligrosas.

En España este debate lleva años abierto, y hay una cosa que cada vez más voces repiten: proteger a las personas del sector no puede significar quitarles el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y su propio trabajo. La despenalización y la regulación digna no son un capricho ideológico — son la vía que la evidencia señala como más segura para quienes ejercen.

La decisión entre adultos no necesita tutela

Hay un principio que a menudo se pierde en los debates sobre regulación del trabajo sexual: la libertad individual entre personas adultas. Cuando dos adultos mayores de edad deciden intercambiar un servicio de forma consensuada, informada y sin coerción, esa decisión les pertenece a ellos.

Ni una serie de televisión, ni un político, ni un algoritmo de Instagram deberían tener más capacidad de decisión sobre esa interacción que las propias personas involucradas.

Eso no significa que no haya que combatir la explotación o la trata — por supuesto que sí, con todos los recursos necesarios. Pero confundir explotación con decisión libre es exactamente lo que alimenta las leyes que acaban perjudicando a quienes dicen proteger. Muchas profesionales del sector han elegido este trabajo con total consciencia, y hay razones legítimas y concretas por las que lo hacen que merecen ser escuchadas, no silenciadas.

¿Qué se necesita para que la representación sea real?

Diana Rotten, estratega digital de la campaña Scotland for Decrim, lo dice claro: las representaciones del trabajo sexual en medios como Euphoria se basan en estereotipos que luego justifican políticas dañinas. Maedb Joy, fundadora de Sexquisite Events, añade que sin la participación de trabajadoras sexuales en las decisiones creativas, la representación siempre será parcial.

La solución no pasa por que las series dejen de hablar de trabajo sexual. Pasa por que quienes lo ejercen tengan voz real — en los guiones, en las leyes y en las plataformas donde trabajan.

Y pasa también por que existan espacios digitales donde las profesionales puedan mostrar su trabajo sin miedo a que les cierren la cuenta de un día para otro. Espacios donde el contenido erótico se produzca y se venda de forma ética y sostenible, con las reglas claras y el control en manos de quien crea.

Si trabajas en el sector adulto, Sexon es tu plataforma — en España y en Latinoamérica

Trabajar en un entorno legal claro es solo una parte de la ecuación. La otra es tener visibilidad real, un perfil propio y control total sobre cómo te presentas y cómo te contactan.

En Sexon puedes crear tu perfil profesional gratis, mostrar tus servicios con toda la información que quieras y recibir contactos directos sin intermediarios. Sin comisiones sobre tus acuerdos. Sin depender de plataformas que cambian sus normas de un día para otro.

La plataforma está pensada para el mercado hispanohablante: creadoras en España, México, Argentina, Colombia, Chile, Perú y el resto de países de habla hispana ya tienen su espacio aquí. Un perfil en español, una audiencia real, un entorno que no te va a cerrar la cuenta por hablar de tu trabajo.

Si todavía no tienes el tuyo, este es el momento.

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