Ha pasado tiempo desde mi última publicación aquí. Demasiado tiempo, quizás. Durante estos meses de silencio, muchos se han preguntado dónde estaba, si había abandonado este espacio que tanto nos ha conectado. La verdad es que no fui yo quien eligió el silencio, sino él quien me eligió a mí. Y como todo en la vida, resultó ser una maestra necesaria.
El regreso: Gerona como escuela involuntaria
Mi regreso a Madrid no ha sido una simple mudanza geográfica; ha sido el retorno después de una temporada en Gerona que me transformó por completo. Gerona fue esa experiencia intensa y contradictoria que me enseña tanto en lo luminoso como en lo sombrío. Allí aprendí lecciones que no buscaba, que me desafiaron hasta mis cimientos y me obligaron a confrontar versiones de mí misma que prefería mantener ocultas.
Fue una temporada de desarrollo personal forzoso, diría. Esas etapas en las que la vida te pone situaciones que te empujan a crecer aunque te resistas. Me obligó a estar más callada, a escuchar más que hablar, a observar en lugar de juzgar. Y en ese silencio aprendí que a veces los vacíos son en realidad espacios que se están llenando de nuevas perspectivas, de mayor sensibilidad, de una comprensión más profunda de las luchas ajenas.
Ya es oficial mi regreso a Madrid, pero de manera diferente. Con el mismo fuego en el alma, quizás, pero con una perspectiva nueva. Con una capacidad mayor para entender las heridas invisibles porque tuve que curar las mías. Y es precisamente desde ese lugar renovado desde donde necesito compartir con vosotros lo que me traje de vuelta.
La normalización de la exclusión: una herida colectiva
Hay noches en que el silencio se vuelve tan ensordecedor que las palabras necesitan salir, aunque sea quizá lo más ameno regresar con reflexiones profundas. Hoy necesito compartir con vosotros algo que me corroe por dentro y que, sinceramente, me llena de una rabia justificada.
Me parte el alma ver cómo todavía existen personas que se acercan a mí con ese nudo en la garganta preguntando si «estaré dispuesta a atenderles» por su peso, discapacidad, raza o cualquier diferencia. Lo más doloroso no es la pregunta en sí, sino la normalidad con la que la formulan. Como si fuera una maldita costumbre que les traten así, como si tuvieran que pedir permiso para existir en un mundo que parece haber sido diseñado solo para unos pocos.
Este veneno de exclusión que nos inunda no es casualidad. Es el resultado de siglos de constructos sociales que han decidido qué cuerpos son válidos y cuáles no, qué identidades merecen ser visibles y cuáles deben permanecer en las sombras. Y en este sector, donde el cuerpo es a menudo el centro de todo, esta exclusión se magnifica hasta niveles casi insoportables.
El KitKat Club de Berlín como faro de resistencia
Cuando pienso en un espacio verdaderamente inclusivo, mi mente viaja inevitablemente a Berlín, al legendario KitKat Club. Este lugar trasciende la simple definición de club de música electrónica; es un santuario de resistencia contra la normalidad impuesta. En sus paredes, las etiquetas se disuelven y las máscaras caen.
Lo fascinante de KitKat no es solo su política de inclusión, sino cómo ha logrado que sea parte intrínseca de su identidad. No es un marketing, no es una campaña temporal. Es su esencia. Allí, las cicatrices visibles o invisibles se convierten en parte de tu historia, no en un defecto a ocultar. La diversidad corporal no es tolerada, sino celebrada como la expresión más pura de la condición humana.
KitKat nos enseña algo fundamental: la inclusión no es un favor que hacemos a los excluidos, sino un regalo que nos hacemos a nosotros mismos al poder experimentar la autenticidad en su máxima expresión.
Mi compromiso: tejiendo redes de resistencia
En este sector y en este país, me uno activamente a esta lucha por la inclusión. No como un acto de caridad, sino como una necesidad existencial. Porque cada vez que alguien se acerca a mí con ese temor en los ojos, veo el reflejo de una sociedad que ha fallado, de un sistema que ha decidido quién merece ser visto y quién no.
A cualquiera que usualmente sea excluido por cualquier razón: mi apoyo es incondicional y respeto siempre estará disponible para ti. No necesitas explicar ni justificar nada, porque tu existencia es suficiente. En mi espacio, nadie es invisible, todos son vistos, valorados y bienvenidos.
Pero más allá de este gesto concreto, mi compromiso va más lejos. Se trata de crear redes de apoyo, de visibilizar las luchas, de cuestionar los privilegios y de construir, poco a poco, un espacio donde la exclusión no tenga cabida.
La revolución de la autenticidad
La verdadera inclusión no consiste simplemente en «dejar entrar» a quienes han estado fuera. Se trata de transformar las reglas del juego, de cuestionar quién las estableció y para quién. Se trata de reconocer que la diversidad no es un problema a resolver, sino la solución a muchos de nuestros problemas colectivos.
En este sector, donde el cuerpo es a menudo objeto de deseo y juicio, la inclusión se vuelve un acto revolucionario. Es decirle a la industria: «Aquí no seguiré tus reglas». Es afirmar que todo cuerpo todo cuerpo merece respeto, dignidad y la posibilidad de relacionarse sin ser humillado por su apariencia.
Porque al final, todos buscamos lo mismo: ser aceptados, valorados y respetados por quienes somos, no por cómo encajamos en los moldes que otros han creado para nosotros. Y si alguna vez has sentido ese peso en el pecho por ser diferente, quiero que sepas que aquí encontrarás un espacio seguro donde tu autenticidad no solo será bienvenida, sino celebrada como el acto de resistencia más poderoso que existe.
¿Cuál ha sido tu experiencia con la inclusión en este sector? Me encantaría conocer tus historias y reflexiones en los comentarios, porque juntos podemos tejer esa red de resistencia que tanto necesitamos.
Parte de esa filosofía es también la razón por la que me siento cómoda escribiendo aquí. Espacios como Sexon me permiten compartir estas reflexiones sin tener que encajar en moldes ni justificar constantemente quién soy.
En mi blog encontrarás más reflexiones sobre lo que implica trabajar en este sector: desde los beneficios reales del trabajo sexual hasta el desgaste emocional que nadie nombra. Porque hablar de inclusión también es hablar de todo eso.
✍️ Sobre la autora: Sandra
Escribo desde dentro, sin filtros y sin el lenguaje aséptico que suele rodear a este sector. Este texto nació de una temporada en Gerona que me obligó a callar, observar y crecer de formas que no había elegido.
De vuelta en Madrid, lo que me traje conmigo fue una rabia más afilada y una convicción más clara: nadie debería tener que pedir permiso para existir en ningún espacio, y menos en este.
⚠️ Nota legal y de contexto
Este texto es un artículo de opinión y reflexión personal, escrito por una autora adulta desde su experiencia directa en el sector. Su finalidad es testimonial: hablar de inclusión, diversidad corporal y del tipo de espacio que este sector podría —y debería— ser.
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